martes, 19 de febrero de 2008

Más de 67 milagros verificados en 150 años

Lourdes, el milagro de fe que resiste a las refutaciones
La historia de Bernardita en el
libro-entrevista a René Laurentin


ROMA, martes, 19 febrero 2008 (ZENIT.org).- Era el 11 de febrero de 1858 cuando, en Lourdes, Bernadette Soubirous, una joven francesa de 14 años, tan buena como pobre, enferma y analfabeta, dijo que había visto a una «bella Señora» que decía ser «La Inmaculada Concepción».



A pesar de la incredulidad y de los intentos repetidos de desacreditar a Bernadette, desde entonces millones de peregrinos han acudido a la gruta de Massabielle y se han bañado en la fuente milagrosa que allí brotó.


A 150 años de las apariciones, Lourdes ha sido visitada por más de 700 millones de peregrinos. Son 67 las curaciones milagrosas verificadas. Cuatro las basílicas donde se celebran 50 misas al día y desde donde se elevan millones de avemarías. Invocaciones de gente que sufre que conmueven a los hombres y a Dios.

Un lugar, afirma el escritor Vittorio Messori, en el que «parece de verdad reducirse el espesor que divide al cielo y la tierra; donde se hace sutil el confín entre realidad concreta y cotidiana y Enigma invisible y eterno».

Con motivo del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen en Lourdes Andrea Tornicielli, vaticanista del diario italiano «Il Giornale», ha entrevistado al padre René Laurentin, el teólogo que más que nadie ha estudiado los acontecimientos vividos por Bernadette Soubirous.

El resultado es el libro-entrevista «Lourdes, inchiesta sul mistero a 150 anni dalle apparizioni» («Lourdes, investigación sobre el misterio a 150 años de las apariciones»), publicado por Ediciones ART.


En este volumen, el teólogo francés recorre los hechos que tuvieron lugar en Lourdes entre febrero y julio de 1858, y luego los acontecimientos que caracterizaron la vida de santa Bernadette, su vocación a la vida religiosa, la experiencia del sufrimiento y de la enfermedad que marcaron su existencia desde pequeña.

Entrevistado por Zenit, Tornielli relata que se quedó impresionado por el padre René Laurentin, «el sacerdote que, con motivo del centenario de las apariciones, hace ya medio siglo, por encargo del obispo de Tarbes y Lourdes, monseñor Pierre-Marie Théas, buscó, analizó y publicó todos los documentos disponibles sobre los acontecimientos de 1858».


El padre Laurentin, hijo de un arquitecto de Tours, sacerdote de la diócesis de París, experto en cuestiones mariológicas, en la época en la que se le confió el encargo, tenía 35 años.

Según Tornielli, «ha sido protagonista de una investigación sin precedentes. Por esto, su persona y sobre todo sus escritos permanecen como un punto de referencia insustituible para quien quiera acercarse al misterio de Lourdes».


Otro aspecto del asunto que ha impresionado mucho al vaticanista de «Il Giornale» es la cantidad de ataques contra santa Bernadette con el fin de cancelar el «fenómeno Lourdes».

Tornielli ha explicado a Zenit que «no fue fácil para Lourdes afirmarse en la Francia del siglo XIX, patria del anticlericalismo. Desde el principio, las apariciones estuvieron en el centro de ataques, críticas, intentos de refutación».

En el libro el padre Laurentin relata cómo, tras las primeras apariciones, hubo quien dijo que la «bella señora» vista por Bernadette era en realidad la atractiva esposa del farmacéutico local que había tenido una cita clandestina con un oficial de caballería justo en la gruta, y que se había visto obligada a «hacer de Virgen», para sembrar confusión engañando a la jovencita que la había pillado en flagrante adulterio.


La pobre señora que, según la fantasiosa reconstrucción habría elegido como alcoba una gélida gruta llena de inmundicias, aquel 11 de febrero, en realidad estaba en la cama, pero en su casa, dado que había dado a luz dos días antes a su quinto bebé.

Ella misma denunciará y hará condenar a los difamadores que habían escrito ríos de tinta sobre esta calumnia para desacreditar a Lourdes.


Tornielli destaca que incluso el conocido escritor Émile Zola trató de hacer pasar a «la pobre Bernadette como una mísera víctima de la histeria y de la desnutrición».

Llegado a Lourdes en 1892, Zola tuvo la fortuna de asistir a dos curaciones instantáneas, que relatará en su novela, titulada «Lourdes», sosteniendo sin embargo que «las dos personas que experimentaron el milagro murieron poco después y que por tanto la presunta curación había sido breve y sobre todo ilusoria».


«Lástima --subraya Tornielli-- que una de las dos mujeres curadas no se rindió y siguió protestando en los periódicos diciendo que estaba tan viva y sana como el autor».

«Con tal de desacreditar a Lourdes --afirma--, Zola llegó al punto de ir a verla para ofrecerle dinero a cambio de su silencio. Historias mezquinas, sobre las cuales la historia, la verdadera, ha triunfado», comenta el periodista.


Por Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín

domingo, 27 de enero de 2008

Un sacerdote ortodoxo rumano y su parroquia se hacen católicos

Fuente: vidasacerdotal.org
Estos días se ha conocido que un sacerdote ortodoxo rumano y su parroquia se han convertido al catolicismo gracias a la fama de santidad del San Pío de Petarlcina. El evento tuvo lugar en el pueblo de Pesceana, comarca de Valcea, en la Rumanía centro-meridiona. El padre Victor Tudor, sacerdote rumano que hasta hace algunos años era ortodoxo, tras conocer la existencia del padre Pío y ser testigo de un gran milagro realizado por Dios a través de la intercesión del santo italiano, quiso entrar en la Iglesia católica y con él todos sus parroquianos.




Iglesia en la Selva Negra

(Alemania)

Todo empezó en 2002. Lucrecia Tudor, madre del padre Victor, que tenía entonces 71 años, tenía un tumor en el pulmón izquierdo. Los médicos rumanos, tras someterla a exámenes clínicos dijeron que le quedaban pocos meses de vida. No se podía ni siquiera intentar una intervención quirúrgica porque el tumor produjo metástasis.


El padre Victor pidió ayuda a su hermano, Mariano Tudor, un joven y reconocido pintor rumano, especialista en iconografía, que vive y trabaja en Roma, esperando que le pusiera en contacto con algún importante médico italiano, capaz de realizar lo imposible. Mariano contactó con uno de los cirujanos más célebres del mundo, que había operado incluso a Bill Gates. «Haga llegar a su madre a Roma e intentaré salvarla», dijo el profesor.


Mariano llevó a su madre a Roma y el profesor examinó el expediente clínico de los colegas rumanos y realizó a la paciente más detallados exámenes. Pero también él, ante el cuadro clínico, comunicó a los hermanos que una operación era ya inútil. Se podía intervenir sólo con fármacos para sedar los dolores que serían fuertes, sobre todo en fase terminal.


Mariano retuvo consigo a la madre en Roma y la llevaba al hospital para realizar controles. Estaba trabajando en un mosaico en una iglesia, y como su madre no hablaba italiano, la llevaba consigo. Mientras él trabajaba, su madre recorría la iglesia, contemplando los cuadros y las estatuas.


En un rincón había una gran estatua del padre Pío. Lucrecia se quedó impresionada y preguntó a su hijo quién era. Mariano le relató brevemente la historia. Los días siguientes se dio cuenta de que su madre pasaba todo el tiempo sentada delante de la imagen, con la que charlaba como si fuera una persona viva.


Pasados unos quince días, Mariano llevó a la madre al hospital para el control y los médicos constataron con estupor que el tumor había desaparecido. La mujer, ortodoxa, pidió al padre Pío ayuda y éste la había escuchado.


«La curación prodigiosa de mi madre, realizada por el padre Pío a favor de una mujer ortodoxa, me impresionó mucho -relata el padre Victor-. Empecé a leer la vida del santo italiano. Conté a mis parroquianos lo que había sucedido. Todos conocían a mi madre y todos sabían que había ido a Italia para intentar una intervención quirúrgica, y que luego había vuelto a casa curada sin que ningún médico la hubiera operado. En mi parroquia se empezó a conocer y a amar al padre Pío. Leíamos todo lo que encontrábamos sobre él. Su santidad nos conquistaba. Mientras tanto, también otros enfermos de mi parroquia recibieron gracias extraordinarias del padre Pío. Entre mi gente se difundió un gran entusiasmo, y poco a poco, decidimos hacernos católicos para estar más cercanos al Padre».


El paso de la Iglesia ortodoxa a la católica requirió un largo procedimiento jurídico y dificultades de todo tipo. Pero el padre Victor y sus parroquianos no se detuvieron ante las dificultades. Con la ayuda del padre Pío -afirman ellos- han hecho realidad sus proyectos. Y enseguida empezaron a recoger los fondos necesarios para la construcción de una iglesia para dedicarla al padre Pío. «Los fondos son el resultado de los ahorros de esta pobre gente y de la ayuda de algunos católicos alemanes que supieron nuestra historia», dice el padre Victor.


«Y son mis parroquianos los que están llevando adelante las obras, trabajando naturalmente gratis. En mayo iniciamos las obras de cimentación. Hace unos días celebramos solemnemente la colocación de la primera piedra. Y fue una gran fiesta, porque vino a celebrar la ceremonia su beatitud Lucian Muresan, arzobispo metropolita de Fagaras y Alba Julia de los Rumanos, es decir, la máxima autoridad de la Iglesia grecocatólica en Rumanía. Al acabar la ceremonia, el metropolita quiso conocer a mi madre, curada por un milagro del padre Pío y posó con ella para una foto».