domingo, 30 de septiembre de 2007

La sangre de san Pantaleon: una cita con el misterio

Fuente: Francisco Contreras Gil (comentariosdelibros.com)


Más de cinco mil personas acuden los días 26 y 27 de julio a la madrileña Iglesia de la Encarnación para venerar y admirar el prodigio de la licuefacción de la sangre de San Pantaleón. Y cada año, como es habitual, surge la misma incógnita, ¿Se producirá uno de los pocos fenómenos paranormales que se repite año tras año?

Cerca de las cuatro de la tarde, en la Iglesia de la Encarnación de Madrid, todo esta dispuesto para el evento. Sobre el altar mayor se ubica una vitrina en cuyo interior se encuentra uno de los objetos más preciados del Real Convento de la Encarnación: el relicario que supuestamente alberga la sangre de San Pantaleón y que durante su festividad sufre una transformación inexplicable.


Las monjas agustinas recoletas son las encargadas de anunciar que el prodigio ha comenzado. El contenido de la pequeña ampolla sufre una metamorfosis insólita. Durante 48 horas la sustancia, que a lo largo del año se conserva y puede contemplar de un color rojo oscuro y seca en la teca, empieza a convertirse, poco a poco, en un líquido de una tonalidad brillante.

Durante este periodo de tiempo serán muchos los fieles que se acercarán al recinto sagrado para expresar su devoción, cumplir sus promesas o simplemente satisfacer la curiosidad.
Una oportunidad única para poder vivir, cara a cara, lo imposible. Un fenómeno que ha fascinado a todos aquellos que lo han contemplado y que ha motivado el estudio de diversos especialistas para intentar esclarecer el enigma.

San Pantaleón
Pero, ¿quién fue Pantaleón? Hijo de Eustorgio y Eucuba, su nombre significa “en todo semejante al León” según las actas bolandistas. Nació en Necodemia, lo que hoy en día es la actual Izmit, en Turquía. Fue un destacado médico de la nobleza y corte al igual que su padre. Pero su vida cambió radicalmente al convertirse al cristianismo que profesaba su madre. Tras ser asediado y buscado, Galerio Maximino ordenó su muerte. Su martirio se llevó a cabo en el año 305 d. de C., aunque la verdadera fecha de su fallecimiento sigue siendo un misterio, ya que su nombre no aparece reflejado ni en las Actas de los Mártires ni en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesárea.

Tras su trágico final, según cuenta la tradición, varios fieles recogieron su sangre con pequeños algodones y la fueron guardando en ampollas de cristal que posteriormente se distribuyeron por diferentes partes de Italia y otros países para su culto.

Su fama aumentó en la Península Ibérica en el siglo XVII. Concretamente en el año 1611, cuando la hija del virrey Juan de Zúñiga, que posteriormente sería la fundadora del Real Monasterio de la Encarnación, trajo la reliquia a nuestro país. Sus curaciones milagrosas y los cambios de estado líquido a sólido y viceversa motivaron que las autoridades eclesiásticas intervinieran ante el auge de los sucesos portentosos: El Santo Oficio quería saber si el origen de estos quiméricos episodios era diabólico o celestial.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Primer milagro de Ntra. Sra. de Lourdes

Fuente: ABC (Diario digital)
Sociedad - 14-2-2004 03:00:04


Con más de cinco millones de peregrinos al año, el santuario de Nuestra Señora de Lourdes -que este miércoles celebró la festividad de su virgen- es uno de los más venerados por los fieles cristianos, quienes acuden en busca de las «curaciones milagrosas», más de 7.000, que acaecen en la cueva de Massabielle desde que en 1858 tuviera lugar el primer milagro.


Pocas horas después de que las manos de Bernardette hiciesen brotar un manantial en la cueva de Massabielle, un obrero que se había quedado ciego por una explosión de dinamita envió a su hija a buscar agua para lavarse los ojos. Era el 25 de febrero de 1858.Tres días despues, Louis Buriette, había recobrado totalmente la vista y protagonizaba el primer milagro documentado.


Desde entonces, la Comision Médica de Lourdes ha declarado «médicamente inexplicables» más de 7.000 curaciones, de las cuales 67 han sido declaradas oficialmente «milagrosas» por la Iglesia católica.


En realidad, el número de curaciones en ese manantial de salud para el alma y para el cuerpo es muchísimo mayor, debido a que la comisión médica solo acepta casos con una clara historia clínica y a que muchos se producen de regreso en casa. Al cabo de un siglo y medio, los milagros continúan, y la comisión médica estudia cada año unos 30 casos sorprendentes, que documenta y conserva en sus archivos hasta que el paso del tiempo demuestra que la curación es duradera.


Una de las últimas curaciones espectaculares ha sido la de Giulia Mongelli Tofani, paralítica total desde hace varios años, quien acudió el pasado otoño en una peregrinación dirigida por el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini, y volvió curada. Perplejidad y escepticismo El testigo más prestigioso de uno de estos milagros fue el premio Nobel de Medicina Alexis Carrel, que viajó en 1910 para estudiar lo que consideraba, como médico no creyente, «curaciones psicológicas debidas a la histeria de las masas».


Durante el viaje en tren desde París, Carrel administró inyecciones de morfina a una mujer en fase final de una peritonitis tuberculosa, y anotó con rabia en su diario ese caso de fanatismo religioso: llevar a un enfermo grave, en pleno agosto, a morir lejos de casa. Al día siguiente, en la explanada, Carrel vio cómo el color regresaba al rostro de aquella mujer inconsciente y cómo su abdomen, horriblemente hinchado, descendía al tamaño normal. Totalmente desconcertado, el doctor acompañó a Marie Ferrand a la enfermería donde los médicos comprobaron que estaba curada.


Jean-Pierre Bély, un enfermero de Angulema que sufría una esclerosis en placas y llevaba año y medio sin poder moverse ni siquiera en silla de ruedas, se curó de repente el 9 de octubre de 1987. «Cuando estaba en la explanada -relata-, empecé a sentir un tremendo frío y después un calor muy dulce. Por la noche, sentí que alguien me tocaba y escuché interiormente la invitación «levántate y anda». Me levanté y comencé a caminar».


Con su habitual prudencia, la Comisión Médica Internacional de Lourdes esperó 11 años para comprobar que la curación era duradera, y la certificó como extraordinaria el 14 de noviembre de 1998. Declarar un milagro corresponde, en cambio, al obispo de la diócesis de la persona curada, y los requisitos son mucho más exigentes empezando por el más importante: el mensaje espiritual del acontecimiento. En el caso de Jean-Pierre Bély era muy claro, y el obispo de Angulema lo declaró oficialmente. Era el milagro número 66 en la historia de Lourdes.


El protagonista del 63 fue Vittorio Micheli, un soldado del Cuerpo Alpino italiano afectado de un sarcoma en la cadera izquierda. El tumor había destruido la articulación pélvica, y Vittorio fue a Lourdes enyesado de la cintura a los pies. Aun así, insistió en meterse en el agua el 1 de junio de 1963. Millones de peregrinos A su regreso, se sentía bien pero los rayos X seguían mostrando el tumor, y los médicos militares no le dieron el alta hasta que le vieron caminar y comprobaron, asombrados, que se había reconstruido la articulación.


Trece años más tarde, en 1976, el obispo de Trento declaró milagrosa la curación del soldado, que sigue acudiendo a Lourdes como camillero.


El 11 de febrero de 1858, en su primera aparición, la «Muchacha vestida de blanco» no dijo ni una palabra a Bernardette Soubirous, una chiquilla de 14 años que había salido a buscar leña. Simplemente, la miró y le sonrió. Cinco millones de peregrinos acuden cada año a ese lugar. Y en la cueva de Massabielle, la Virgen sigue sonriendo, por sorpresa, a algunos enfermos.

domingo, 16 de septiembre de 2007

El milagro de la Tizná

Fuente: Archivo parroquial
(Virgen de la Purificación, Diócesis de Guadix y Baza)
Autor: Jesús Martínez Vallecillos


Esto sucedió en Jérez del Marquesado (Granada). Había por costumbre reunirse en la iglesia cuando amenazaba tormenta, para rezar todos juntos por evitar la catástrofe que en aquella época significaba perder las cosechas. Obviamente no existían seguros agrarios y la economía era de subsistencia, así que una tormenta podía significar mucha hambre durante un año. Es por ello, que amenazando nubes el cielo, 3 niños subieron a la torre de la iglesia para tocar las campanas a un ritmo concreto: "tocar a tormenta". Los pueblerinos que conocen ese sonar acuden rápidos, tanto los que se encuentran en el pueblo como los que se hayan en los campos.

Mientras los monaguillos tiraban de las cuerdas que hacían sonar el campanario, un rayo entró por la torre (punto más alto del pueblo lo cual hace lógico el hecho), mató a los tres niños y llegó hasta una imagen de la Virgen María, concretamente en la advocación de "La Purificación", y le tiznó la tez de un negro que posteriormente nadie pudo borrar.

Los jerezanos allí reunidos rezaron por los tres niños con sus cuerpos presentes, y los tres resucitaron en aquel día. Se conocen casos de personas que han sido traspasadas por un rayo y han sobrevivido, pero estos niños murieron y volvieron a la vida los tres. En la guerra civil la iglesia fue quemada y destruido todo lo que contenía. Un jerezano logró guardar los ojos de aquella imagen, escondidos en su casa (este hombre era mi tío Lorenzo, para más señas, que en paz descanse), y alguien más guardó la mano que sujeta el cetro. Actualmente hay una reconstrucción con esos trozos pero el tizne ya no se conserva.

Este milagro fue escrito para el recuerdo, dichos escritos se conservan en el archivo parroquial, y a continuación lo transcribo:

“El día 18 de junio del año 1653 se presentó sobre el cielo de Jérez una tormenta amenazadora con viento de poniente y lluvia, que se mezcló con granizo, e iba creciendo por momentos.

Amenazaba destruir las cosechas en sazón de los campos.

Costumbre era en tales ocasiones tocar las campanas a nublo, convocando a los a los fieles a la iglesia para orar e interpretar el favor de Dios, pidiendo que ahuyentase el peligro.

Alrededor de las cuatro o cinco de la tarde de ese mismo día, se vio caer un rayo que pareció encender la villa como si ardiese el mundo, yendo a parar a la iglesia, entrando por lo alto del capitel de la torre, donde se dividió.

Una parte salió bajando la misma hasta conseguir entrar en la capilla mayor destrozando muchos de los ornatos que allí había.

La otra parte acabó con la vida de tres de los niños: Juan, Alonso y Bartolomé, que egercían la labor de tocar las campanas. Siguió su trayectoria hasta el rostro de la Virgen manchando su mejilla y hundiéndose al fin, a sus pies.

Pusiéronse los niños ante su imagen: Juan tenía abrasadas las ropas pero sin lesión en su cuerpo; Alonso tenía un agujero en la espalda parecido al hecho por una bala, y Bartolomé no tenía señal alguna.

Comenzaron los llantos de los padres y familiares a los que se unió toda la villa. Un clamor unánime de fe y pena enronqueció las gargantas y bañó los ojos en lágrimas. Con la efusión de gritos y lamentaciones se alzó un clamor unánime de: ¡VIRGEN MARIA; MADRE DE DIOS, devuelve la vida que el rayo cesó! Y fue aquí donde intercedió la Virgen y se realizó el milagro. Fueron grandes las alegrías viendo vivir a los niños. Se les miró y se halló en sus cuerpos unas cintas moradas como sangre grabada, marca que certificaba que el rayo pasó por sus cuerpos quitándoles la vida. La cual le devolvió la Virgen.

Y del milagro nació el nombre popular de la Tizná de Jérez, con que es llamada y venerada por sus hijos de esta tierra.

Enlace sobre el 350 aniversario del milagro
http://www.conferenciaepiscopal.es/actividades/2003/febrero_04.htm

Nuestra Señora de la Purificación "La Tizná" fue coronada canónicamente el año 1965.